THE JAGUAR #01

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En este número hablamos de nuestro regreso a las competiciones de motor, una nueva aventura que nos ayudará a acelerar la evolución de los motores eléctricos. Y, en paralelo, presentamos nuestro prototipo Jaguar I-PACE, un revolucionario vehículo que estará disponible en 2018 pero que ya puede reservarse.

F-TYPE En lugar de

F-TYPE En lugar de cruzar el continente a todo gas, ¿qué tal hacerlo sin pisar el acelerador a fondo? Desde que Texas forma parte de los Estados Unidos, los viajeros han sentido el impulso de dedicar el mínimo tiempo imprescindible a cruzar el mítico estado sureño. Con una superficie equivalente a Francia y más de 1.000 kilómetros de punta a punta, sus habitantes han sufrido en sus carnes la anexión, la secesión, el rechazo y la caricaturización. De ahí que el eslogan no oficial del estado sea: “Con Texas no se juega”. Para muchos estadounidenses, lo de sumergirse en la América profunda no es una opción. Prefieren atravesarla a toda prisa o coger un avión. Nada de rodeos ni carreteras secundarias. En los años setenta, cruzar el país quemando rueda se convirtió en una peligrosísima moda, nacida de la protesta por la imposición de un límite máximo de 90 km/h en toda la red viaria nacional. Organizada por Brock Yates y la revista Car and Driver, la carrera Cannonball Baker Sea-To-Shining Sea Memorial Trophy Dash no hacía sino alimentar esta suicida pasión: alentaba a los conductores a hacer lo que fuera necesario para llegar al otro extremo del país antes que nadie. Hoy, la Cannonball Run permanece en el recuerdo como el récord a batir. Los primeros intentos de recorrer los 4.500 km de asfalto entre las dos costas acabaron en un tiempo de 40 horas, nada desdeñable si tenemos en cuenta que el vehículo no era otro que una furgoneta. Apenas había tiempo para ir al baño o comer algo, no digamos ya para recrearse en la contemplación de los tesoros de la geografía estadounidense. El récord absoluto de la competición lo marcaron dos chicos que realizaron el viaje en 32 horas y 51 minutos al volante de un Jaguar XJS en 1979. Ese fue también el último año de la Cannonball, y el récord sigue vigente desde entonces. Todo esto me dio que pensar. ¿Qué ocurriría si en lugar de embarcarme en una alocada carrera transcontinental redujera el ritmo y me detuviera a contemplar lo que hay entre las dos costas? Después de bajar de revoluciones, ¿la rica cultura y los colores de Texas (sin los cuales las dos costas estarían también huérfanas) cobrarían un nuevo protagonismo? Y con tiempo para estudiar las ciudades, ¿podría averiguar si Austin es realmente tan cosmopolita como Los Ángeles y si San Antonio sigue siendo demasiado moderna para los rancheros? He oído también que, mientras cruzas el paisaje rocoso y las retahílas de pueblos semidesiertos que unen las cuatro grandes ciudades del estado, no puedes evitar preguntarte si estás en otro estado. O en otro continente. La propuesta era realizar una ruta por las cuatro ciudades más grandes de Texas, empezando por Dallas, donde me esperaba un F-TYPE SVR (necesitábamos un Jaguar para rendir el merecido homenaje al récord de los setenta y el F-TYPE SVR de 575 CV parecía el sucesor perfecto). Dicen que en Texas todo es más grande y no puedo sino corroborarlo: en el aparcamiento del aeropuerto de Dallas-Fort Worth hay asfalto, marquesinas (para proteger los vehículos de las tormentas de granizo) y rancheras hasta donde alcanza la vista. Perderse es fácil. El conductor de la lanzadera me dedicó una incrédula mirada cuando le dije que iba a recoger un Jaguar (y eso que no le dije que se trataba del modelo más rápido jamás producido por la compañía). Luego le vi esbozar una pequeña sonrisa cuando vio el coupé plateado en una marea de pick-ups y SUV. No hace falta mucho tiempo para darse cuenta de que Texas está orgullosa de su historia, aunque Dallas, una ciudad en constante cambio, no es el mejor sitio para descubrirlo. En las afueras, las multinacionales extienden sus tentáculos en forma de nuevos campus y obligan a la ciudad a crecer a imagen y semejanza de Los Ángeles. En el centro, abundan los rascacielos y escasea la gente, como en cualquier gran ciudad estadounidense. Las calles son rectas y llanas, y no conducen a ninguna parte. Evidentemente, no faltan grandes centros comerciales ni lugares para degustar comida tex-mex o bailar al ritmo del country, pero la mejor forma de conocer Texas es levar anclas y abandonar Dallas. Por suerte, lo único que nos hace falta para cambiar de tercio es un mapa y enfilar una farm-to-market road. Este tipo de carreteras, que solían conectar una zona rural o rancho con una población grande, son historia viva del estado y a menudo la mejor opción para el viajero. A una hora de Dallas en dirección a Austin está Clifton. Una población pequeña que es la antítesis de Dallas. Imposible encontrarla sin un mapa. Su calle principal divide el pueblo en dos y nos traslada a esa América de las películas, con sus escaparates pintorescos y todos los tópicos habidos y por haber. La gran atracción es una cafetería que ocupa el local de una antigua farmacia. Al salir de Clifton 70 THE JAGUAR

Saliendo de Dallas dirección sur en el puente Margaret Hunt Hill (arriba). En el restaurante Easy Tiger en Austin (derecha). Calle principal, Clifton (abajo) THE JAGUAR 71

 

JAGUAR

THE JAGUAR #07

 

THE JAGUAR rinde homenaje a la creatividad en todas sus formas, con elementos exclusivos capaces de despertar los sentidos: desde el diseño más seductor a la tecnología de última generación.

El nuevo número abre sus páginas a personas inspiradoras como, por ejemplo, Luke Jennings, creador de Villanelle (uno de los personajes televisivos más interesantes de los últimos tiempos) o Marcus Du Sautoy, un hombre que se plantea si la inteligencia artificial está a las puertas de dominar la creatividad. Nos embarcaremos también en un viaje a EE. UU. para explorar el paraíso foodie de Portland en un I-PACE, disfrutaremos de un trayecto a bordo de un Jaguar XE hasta el sur de Francia para dejarnos seducir por el punto de vista que tiene un fotógrafo de la encantadora ciudad de Arlés, y mucho más.

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Cifras obtenidas a partir de pruebas oficiales realizadas por el fabricante de conformidad con la legislación europea.
El consumo de combustible real de un vehículo podría ser diferente del obtenido en dichas pruebas y estas cifras son para fines comparativos únicamente.