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2 years ago

THE JAGUAR #01

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En este número hablamos de nuestro regreso a las competiciones de motor, una nueva aventura que nos ayudará a acelerar la evolución de los motores eléctricos. Y, en paralelo, presentamos nuestro prototipo Jaguar I-PACE, un revolucionario vehículo que estará disponible en 2018 pero que ya puede reservarse.

Long Island. En esa

Long Island. En esa época, comenzó también a salir con la actriz Gia Scala. En 1955, tras debutar en Broadway con A Hatful of Rain, puso rumbo a Los Ángeles. Nada más llegar, el ambicioso agente Hillard Elkins tomó el control de su carrera y le consiguió su primer papel en el cine en Marcado por el odio, un biopic sobre un boxeador protagonizado por Paul Newman. El director de la cinta, Robert Wise, dijo de McQueen que era un tipo “un poco fresco”, pero que le gustó la energía desbordante que demostró en una escena de pelea con navajas ambientada en una azotea. Su primer papel protagonista llegaría en La masa devoradora, una película de ciencia ficción en la que tenía que acabar con un alienígena con forma de ameba que sembraba el pánico y la destrucción. Al poco tiempo conoció a Neile Adams, una joven actriz de aspecto andrógino dos años más joven que él. Se casaron en 1956 y tuvieron dos hijos, Terry y Chad, y juntos vivieron los años de más éxito del actor. Por aquel entonces se había granjeado ya la fama de persona problemática, pero siempre fue un padre cariñoso y atento, sobre todo cuando sus hijos tuvieron la edad suficiente para montar en moto. Su ascenso al estrellato llegó en 1960, cuando John Sturges lo eligió para participar en Los siete magníficos. Su deslumbrante actuación hizo tanta sombra al gran protagonista de la cinta, Yul Brynner, que este lo acusó de intentar robarle los planos. Steve McQueen en un estudio de Hollywood al volante de su Jaguar XKSS de 1956, que el actor bautizó como la “rata verde” FOTOGRAFÍA: GETTY IMAGES/JOHN DOMINIS 58 THE JAGUAR

MCQUEEN EL JAGUAR XKSS VERDE OSCURO DE MCQUEEN ERA UNA VERSIÓN COMERCIAL DEL D-TYPE QUE GANÓ EN LE MANS Tres años más tarde, Sturges volvió a confiar en él para La gran evasión. Allí nos enseñó que a veces una sonrisa puede ser el peor insulto. En El caso Thomas Crown (1968), demostró por qué era el gran sex symbol del momento al enfrentarse a Faye Dunaway en un tablero de ajedrez: “¿Juegas?”, le decía él. A lo que ella respondía “Ponme a prueba”. Su mujer Neile lo describía como un “macho alfa que se atrevía a mostrar su vulnerabilidad”. En la gran pantalla, su masculinidad alcanzó su máxima expresión al volante de un Mustang GT390 en la alocada persecución por las cuestas de vértigo de San Francisco, la escena estrella de Bullitt, rodada también en 1968. Su imagen estaba ya perfectamente definida y era retratada por el fotógrafo William Claxton, quien en los cincuenta había contribuido a moldear el look del trompetista Chet Baker, gran emblema del estilo Cool School. Sin embargo, había una gran diferencia entre los dos iconos: Baker se sentía como un pez fuera del agua cuando lo sacaban de los pequeños clubes de jazz de la época, mientras que McQueen amaba la vida al aire libre. Compartió muchos viajes por carretera con Claxton, al que le unía la pasión por los vehículos de gran cilindrada, especialmente por un Jaguar XKSS verde oscuro, la versión comercial del D-Type que conquistó la victoria en Le Mans. McQueen estaba enamorado de ese coche, del que solo se fabricaron 16 unidades, porque la línea de producción de Coventry quedó arrasada por un incendio. Lo vendió en 1969, pero volvió a comprarlo en 1977 y no se desprendió de él hasta su muerte. Tras los éxitos acumulados a finales de los sesenta, McQueen sintió que había llegado el momento de escribir su propio guión. Con su productora, Solar Productions, trazó las líneas maestras de la película que había tenido en la cabeza desde su época de piloto de carreras. Las 24 horas de Le Mans, un canto a la magia de conducir un coche de carreras, se rodó en un circuito real con coches reales y pilotos reales. En el reparto había un par de mujeres atractivas, pero el auténtico objeto del deseo de la cinta eran los coches. Los demás avaladores del proyecto, sin embargo, querían una historia con pies y cabeza. John Sturges, el director original de la película, decidió abandonar la producción frustrado y fue sustituido por un escritor de Hollywood elegido por los mandamases. Cuando el nuevo fichaje pidió una toma más, McQueen le dijo: “Escucha, yo te diré cuando tenemos que rodar otra toma”. En La huida (1972) se puso en la piel de Doc McCoy, un ex presidiario fugitivo, y dejó a los espectadores clavados en las butacas con el bofetón que propinaba a Ali McGraw, quien curiosamente se convertiría en su segunda esposa tras separarse de Neile. De esta época son también sus apariciones en Papillon (1973) y El coloso en llamas (1974), cintas más que correctas. Fuera de la pantalla, McQueen sustituyó la marihuana—su fiel compañera durante muchos años de su vida—por la cocaína, y con su cabello largo y su poblada barba se parecía cada vez más a uno de los seguidores de Charles Manson, quien unos años antes lo había incluido en su lista de posibles víctimas. En 1977 Ali McGraw le pidió el divorcio y, en diciembre de 1979, durante el rodaje de Cazador a sueldo, le diagnosticaron un cáncer. Once meses más tarde, después de recibir una serie de tratamientos convencionales y alternativos, y tras casarse con su tercera esposa —la ex modelo Barbara Minty—, murió de un infarto mientras dormía en un hospital de México, doce horas después de una operación, desaconsejada por sus propios médicos, en la que le extirparon varios tumores. “¿Dejas que algo te afecte? ¿Que te afecte de verdad?” le preguntaba Jacqueline Bissett en Bullitt. La respuesta es un sí rotundo. Antes y ahora, la figura de Steve McQueen nos atrapa porque detrás de esa imagen de hombre endurecido por la vida y las circunstancias vislumbramos ese niño pequeño, abandonado y vulnerable, que durante toda su vida intentó reproducir la felicidad pura y limpia que sentía al dar vueltas por la granja de su tío montado en su tesoro más preciado: su triciclo. THE JAGUAR 59

 

JAGUAR

THE JAGUAR #06

 

La revista The Jaguar rinde homenaje al arte de crear, con artículos exclusivos que apelan a los sentidos, desde la conducción dinámica hasta el diseño más seductor y las tecnologías de vanguardia.

La creatividad y la innovación son el alfa y el omega de todo lo que hacemos en Jaguar. Este nuevo número vibra con las historias de personas de todo el mundo que hacen de su vida una inspiración para los demás: diseñadores, inventores, librepensadores. Por supuesto, la acción al volante está garantizada: disfruta el silencio a bordo de un I-PACE en ruta por Finlandia, revive la gloria del legendario XJ220, descubre la exquisita elegancia del 1978 XJ y mucho más.

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Cifras obtenidas a partir de pruebas oficiales realizadas por el fabricante de conformidad con la legislación europea.
El consumo de combustible real de un vehículo podría ser diferente del obtenido en dichas pruebas y estas cifras son para fines comparativos únicamente.